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Cómo convencer a un goleador para que se salga de la jugada

Publicado por Jesús Alba  /   octubre 17, 2017  /   Publicado en Destacada, Video  /   Ningún comentario

MarcelinoEl fútbol consigue cosas increíbles. Puede hacer correr a Dani Parejo, que sea el jugador que más balones recupere de su equipo el mismo que se hacía selfies en discotecas que encendían al valencianismo. Puede hacer que la afición de Mestalla, la que no conectaba con Benítez porque las ligas las ganaba sin dar espectáculo, o con Emery por reincidir en ser tercero por lo mismo, vibre con un entrenador que fue tachado de jugar a la contra. Parece un estigma, una marca de lepra en un mundo en el que lo guay es sacar el balón jugado desde atrás. La propuesta. ¿Qué es la propuesta? Lo que alguien propone, sin tener que ser una imposición del qué. Cada cual propone lo que tiene, lo que quiere dar, lo que pide, lo que le demandan y en lo que cree.

El modelo de Marcelino en el Valencia puede decirse que, en frescura, es equiparable al Nápoles de Sarri la temporada pasada, hoy ya una confirmación en toda regla por delante de la Juventus en el Calcio. Con distintos estilos, vertical siempre el del asturiano y con un eficaz juego de descarga y pase en cortito atrás tipo Jose Mari Bakero el napolitano. En una competición en la que parecía que el único fútbol aceptable es el del juego de posición, el rondo por el rondo, un entrenador que siempre creyó en su modelo anda demostrando que llegar en ocho segundos es dar espectáculo. Hace un arte de la fase de transición ofensiva, momento cumbre de un modelo que es mucho más que eso. Pero analicemos ese aguijón continuo con que mata a sus rivales. Revolotea, enreda y lanza el picotazo. Muerte. Pero no un picotazo cualquiera. Es un ataque estudiado, muy trabajado en un proceso con muchas fases de elaboración en la que juega un papel crucial el poder de convencimiento, meterle en el coco a sus delanteros que un tres contra dos no es una excelente ocasión para sumar un golito más a su cuenta particular. Prima el colectivo.

He visto a equipos grandes, con plantillas millonarias, con entrenadores cotizadísimos… no saber ejecutar un contraataque en clara superioridad numérica. Delanteros que corren como posesos esperando el pase mientras miran de reojo al compañero conductor del balón. En el mundo de los entrenadores quedó la ley de que el que quiere ganar trabaja con rondos y posesión, mientras que el equipo perdedor, el equipo defensivo, es el que durante la semana trabaja las contras. Marcelino ha puesto donde se merece esta suerte privilegiada en un fútbol tan táctico. En un fútbol en el que el espacio es un bien preciado, oro puro en un bosque de piernas, me han confesado entrenadores que han llegado a aleccionar a sus futbolistas para provocar la propia pérdida. Lo aplaudo. ¿Por qué? Porque es una manera de engañar al rival. Hacer que éste pase de fase defensiva a ofensiva y se acomode en ella. Ya llegará el zarpazo inmediato. Pillarlo saliendo. El fútbol que gana partidos es el de la batalla mental por las fases del juego. Jugar con esos segundos preciosos de transición, ese momento que dura décimas de segundo en el que el futbolista pasa de pensar en atacar a pensar en defender y al contrario. El resto son movimientos estudiados.

¿Cómo convencer a un goleador, esa alimaña que sólo piensa en la carroña que queda suelta en el área para lanzar su zarpa, que debe salirse de la jugada para crear un espacio? Gran misterio. Un trabajo durante la semana, arduo, intenso, -hablando vulgar y claro- de comida de coco. En el Valencia un goleador como Simone Zaza está disparando sus registros anotadores haciendo movimientos que nunca haría un cazagoles. En el partido ante el Betis se da la circunstancia de que inicia él una transición ofensiva robando un balón tras el penalti fallado por Sergio León. Inicia un contraataque en el que a mitad de carrera renuncia a él para hacer su trabajo, escorarse, llevarse a su par y no acompañar la carrera para que tampoco lo haga su marcador. ¿Hay mayor demostración de amor a un contraataque? El goleador que renuncia a él.

En las contras del Valencia de Marcelino hay amagos de desmarques de ruptura, hay arrastres, aclarados para que surja el pasillo y hay jugadores que, como Zaza, se frenan en plena carrera para jugar con su par, que va por delante y que al perder la referencia visual sigue y sigue acercándose hasta la zona de finalización mientras el italiano se para, gana metros y espera a su presa. El pase de la muerte en una transición a esa velocidad es el golpe certero, la culminación a una obra de arte. Todos o casi todos los goles que llevan la firma de Simone Zaza han sido dando el paso atrás, alejándose de la jugada…

 

Y no sólo es la contra. El mismo ataque de posición es una ataque rápido que busca no permitir la reordenación defensiva del contrario. Reducir el tiempo de balón (pases fuertes, por alto o por bajo), reducir los toques y mucho baile de espacios. Extremos que se estiran para estirar la defensa, abrir los pasillos entre lateral y central, aparición de la segunda línea… Un bello baile en armonía, pero a ritmo de rock and roll girando a 45 rpm. Viva el fútbol total, el fútbol de verdad.

Una lanza en defensa del padre del futbolista

Publicado por Jesús Alba  /   junio 21, 2017  /   Publicado en Headline  /   Ningún comentario
Padres y abuelos asisten a un partido de fútbol base.

Padres y abuelos asisten a un partido de fútbol base. / Angel García (CD Canillas).

A lo mejor me estoy metiendo donde no me llaman, pero soy muy dado a eso. Me suelo poner a menudo en el lado contrario de la corriente ganadora en los debates. Más que nada y, primero, para ver cómo se siente uno. Después decido en qué bando me quedo.

Y esto es –afirmo- como todo, como la sociedad nos lo marca. De unos años a esta parte, alentados por las barbaridades que se ven en imágenes en las redes (ya que nos ha dado por grabarlo todo), el padre del niño que juega al fútbol en una escuela, en un equipo de pueblo o de barrio o en las categorías inferiores de un club profesional ha pasado de ser un elemento más o menos incómodo o colaborador a ser un auténtico demonio movido por la ambición, el egoísmo focalizado en la carrera del niño y el deseo de machacar al de al lado, o mejor dicho, al que juega en el puesto de su vástago. ¿O no es cierto que los padres hacen buenas relaciones e incluso van juntos en el coche con los padres del resto del equipo menos con el competidor directo del hijo? No hay malas formas, pero no hay el mismo rollito entre el padre -y la madre, por supuesto- del portero habitualmente suplente con el padre y la madre del portero casi siempre titular.

Y yo pienso… ¿No será la sociedad? ¿Nos hemos parado a pensar cómo son los padres de los niños que practican otros deportes, o los padres de los niños que estudian para “ser alguien en la vida”? ¿Quién no escucha hoy a diario a padres hablando de sus hijos ensalzándolos como reyes victoriosos en la batalla campal de unas oposiciones o en la graduación de una carrera universitaria? “Mi Fulanito o mi Menganita ha sacado el número uno de 10.000 que se han presentado. Ahora tiene que ir un año a estudiar a Pernambuco, que me va a costar un ojo de la cara y parte de otro, pero su madre y yo nos sacrificaremos. Y después cuando termine ya está colocado/a. Mi fulanito/a es que vale para estudiar. Desde chiquetito/a ha sacado las mejores notas de la clase y de todo el colegio”.

Todo ha cambiado. Es verdad. Yo no jugué un pimiento a nada, pero mi padre jamás de los jamases vino a verme a jugar un partido. Los padres de nuestra época quizá estaban en otra cosa. Pero sigo diciendo que el padre del niño futbolista no es peor que el del niño que se apunta a piano, el niño que juega al tenis, al pádel o el que estudia en el conservatorio. Son todos lo que son, padres. Y todos queremos lo mejor para nuestros hijos. ¿Será la sociedad? ¿Será que antes cuando el maestro te castigaba tu padre le daba la razón al profesor y ahora se puede llevar dos hostias si no agacha la cabeza en la tutoría? ¿Será que antes la decisión del entrenador era respetada por todos y hoy los padres son capaces de poner a medio equipo en contra del formador?

Hay muchas cosas que han mejorado en el fútbol base, muchísimas y enumerarlas aquí sería interminable, pero otras han empeorado. Pero no es el padre del futbolista. Es la sociedad, competitiva y estresante al máximo, con niveles muy alto de saturación en niños a través de actividades extraescolares que generan una tensión en casa (hay que llevarlos y traerlos) que no existía antes, cuando, simplemente, jugábamos. En el fútbol, como en todo, hay padres y hay padres. Y he conocido de todo en estos años que llevo cerca del fútbol de formación, de cantera y ya rozando al profesionalismo. He visto padres que han cambiado el trabajo y la ciudad de residencia porque el niño ya ha pasado por el Espanyol, por el Villarreal y por el Atlético de Madrid con sólo 14 años y también he visto a padres que no han estado dispuestos a hipotecar la vida de sus hijos y la suya propia y los han dejado que sigan disfrutando en el equipo de su pueblo yendo ellos solos con su mochilita a entrenar y no ir a llevarlos a diario al Sevilla o al Betis a sólo 20 kilómetros de distancia. Conozco a algún padre que ha sido jugador profesional y que tiene dos hijos futbolistas (uno de ellos estuvo en La Masía) y que no ha ido nunca a ver un partido de ninguno de ellos. Y también conozco a la parte contraria, el que cambia los turnos en el trabajo para no perderse ni un solo entrenamiento.

Que el fútbol es una actividad muy llamativa porque a todos nos hubiese gustado ser futbolistas de élite o que nuestros hijos fueran profesionales y ganaran mucho dinero para que nos podamos comprar un Mercedes, pues sí. Pero igual que el padre que quiere que su niño sea médico porque viene de una familia de médicos y tiene que ser el mejor de su promoción.

No nos equivoquemos. Es la sociedad, no es el fútbol.

¿Quién ojea a los entrenadores?

Publicado por Jesús Alba  /   abril 25, 2017  /   Publicado en Headline  /   Ningún comentario
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Un entrenador al frente de un grupo de futbolistas.

Me hago la pregunta y yo mismo me la contesto: si no van a los partidos, ¿cómo van a ir a los entrenamientos?

Abordo aquí un asunto que me parece olvidado por los clubes y por sus responsables en el área de dirección deportiva, de escalafones inferiores o de quien corresponda.

Siempre he pensado que en fútbol hay que compartir conocimiento. No entiendo quien se opone a sacar su cartera y enseñarla, no sea que los copien. Los hay. Como tampoco entiendo que quien copia y se echa las flores, no comparta luego el mérito citando la fuente. Pero esto es como en el periodismo. Hay de todo, como en botica.

En varias conferencias, como oyente, he expuesto una opinión que sé que después han utilizado como ponentes. Desconozco si citaron la fuente. No me importa. A lo mejor soy un presuntuoso y pienso que soy el más guay y el único que se da cuenta de las cosas. Como no fui futbolista profesional, soy un ninguno, tenga las ideas que tenga.

Lo que vengo a decir es que he observado en los clubes una alarmante deficiencia en el conocimiento previo de los entrenadores a los que se les da, no ya un proyecto, sino un patrimonio humano y deportivo. No me refiero a todos los casos, pero es común, sobre todo en clubes profesionales poner en manos del ex futbolista de turno a un grupo de niños potencialmente con un desarrollo posterior dirigido al fútbol profesional. Y todo eso por el simple hecho a menudo de haber pasado equis temporadas como futbolista profesional, porque son conocidos a nivel público o porque entienden y tienen el ADN que el club quiere inculcar a sus chicos. Meeec, error. Aunque no en todos los casos, repito, hay multitud de excelentes educadores desde el fútbol que han sido profesionales a alto nivel.

Hay clubes con un grupo de ojeadores (llamémosles scouters) que supera las diez personas, pero si encima el vídeo le está ‘comiendo la tostá’ a la buena costumbre de patearse los campos, para qué hablar de estudiar entrenamientos. Proliferan los ojeadores exclusivamente de vídeo, siendo plataformas los Wyscout, etcétera, herramientas tan útiles como ineficaces llegados a analizar ciertos parámetros de un determinado futbolista (entorno, aspectos cognitivos, comportamiento fuera del campo…). Por no hablar de un entrenador que, no olvidemos, tiene una importante, creo que la que más, labor de formador.

El vídeo ha dejado los campos vacíos. Se dará el caso de que ya no vayan ni los padres. Todo a su tiempo, que no va a tardar mucho. Pero también ocurre la segunda parte. El que va, va como a los toros, a dejarse ver, a que lo vean, y de paso, a pegar el oído todo lo que pueda. Técnicos que se supone que tienen que realizar un informe para su club hablando con éste y aquel, y si se da el caso, dando su particular miniponencia para alimentar su ego. Representantes más pendientes de los padres y de hacerse encontradizo con ellos que de estar pendiente de lo que sucede en el campo, padres realizando el camino en el sentido contrario… Partidos que son una verbena detrás de la valla. Ello hace que el que de verdad quiere silencio y ver el partido sin contaminaciones acústicas se refugie en un córner y se vaya por donde ha venido.

¿Y qué pasa con los entrenadores? ¿Quién hace un seguimiento del técnico al que va a poner al frente de un equipo, de la categoría que sea, alevín, cadete, juvenil o incluso profesional? ¿Es más fácil hacerle un favor al futbolista que se acaba de retirar y que anda desorientado a ver dónde y en qué puede meter la cabeza? ¿Puede decir a boca llena algún responsable del área técnica de un club que no?

Interésense por cómo planifican, cómo realizan la periodización táctica y física del trabajo aunque luego se adapten a la metodología del club (qué ésa es otra), si están más motivado por el resultado que por formar, estudien cómo gestiona a un grupo de chavales que forman un patrimonio económico y humano muy importante, cómo gestionan un conflicto, cómo son capaces de modelar a la estrellita de turno y a sus padres… Estamos hablando en la mayoría de los casos de un grupo de talentos potencialmente muy valioso que pueden ser los mejores de toda una provincia, de toda una comunidad autónoma o hasta de un país en caso de las mejors canteras.

No debe ser tan difícil, se ahorrarían sorpresas que luego no son subsanables a mitad de temporada por guardar la imagen que se resintiría con un cambio de entrenador en cantera o un gasto extra, aparte de todo lo que genera un cambio de proyecto, en el caso del fútbol amateur o incluso profesional. En este último caso, con mucha más razón. No basta con ver los resultados y cómo juegan los equipos de un determinado entrenador. Hay que estudiar el modelo, compararlo con lo que queremos y luego actuar. Todavía no ha habido ningún club que contrate resultados. Contrata a un entrenador, pero la cuestión es… ¿lo ha seguido antes?

Yo me hago la pregunta y yo mismo me la respondo.

 

El Celta B, el filial que amenaza el honor del Sevilla Atlético

Publicado por Jesús Alba  /   marzo 29, 2017  /   Publicado en Headline  /   Ningún comentario
La plantilla del Celta B celebra la clasificación matemática para el play off.

La plantilla del Celta B celebra la clasificación matemática para el play off.

Nada es casualidad en el fútbol. O pocas cosas lo son. Ya sabemos que el Sevilla es el único club que tiene a dos equipos en el fútbol profesional con el ascenso la temporada pasada de su filial y la gran campaña que está realizando con la permanencia bien encauzada. Pero como las casualidades no suelen ser verdad en el fútbol, el primer equipo clasificado matemáticamente a estas alturas para jugar la fase de ascenso a la ahora denominada Liga 1|2|3 es otro filial, el Celta B, que logró el triunfo definitivo esta semana ante el Pontevedra (3-0). Líder del grupo I de Segunda División B, distancia ya en 22 puntos al quinto clasificado, en este caso otro filial, el Valladolid, cuando aún quedan 7 jornadas para que acabe el campeonato regular.

¿Y dónde están aquí las casualidades, o, mejor dicho, lo que hemos comentado que no son tales? Primero que el Celta puede incluirse entre los clubes de España que mejor ha cuidado su cantera en los últimos años y segundo que si finalmente el Celta se diera la alegría de certificar un ascenso a la categoría de plata allá por mayo será otra bofetada sin mano a los grandes, Real Madrid y Barcelona, por ejemplo, que pretenden año a año lograrlo a base de tirar de su grandioso presupuesto. Sevilla y Celta, con el bloque de los mismos jugadores que hoy militan en sus filiales, disputaron en 2013 la final de la Copa de Campeones en Balaídos y, no, nada es casualidad. Ganaron los blancos en un bonito duelo (3-2) y ahí estaban los José Antonio Caro, Curro Sánchez, Borja Lasso, Matos, Carlos Fernández o Juan Muñoz. Y en ese Celta que ha ido haciendo las cosas bien como una hormiguita pues pasa lo mismo. Los nombres propios están ahí. Santi Mina, que entonces luchaba con Juan Muñoz y el canario Héctor Hernández por ser el juvenil más goleador del país, es desde hace tiempo una realidad en el fútbol de élite. Yelko Pino, internacional junto a él y junto a Borja Fernández (el Celta, con 3, era entonces el club que más aportaba a la selecciones sub 18 y sub 19), es a su juventud una pieza importante en el Lugo, en Segunda División. Y que disputaran aquella final contra los de Agustín López siguen en ese equipo, que ahora veremos que convenientemente reforzado, otros como Goldar, Samu Araujo o Costas.

No es casualidad lo logrado por este filial celeste. Con sólo 13 goles en contra (22 ha encajado en total), el ex sevillista Néstor opta al premio de mejor portero del grupo I de Segunda B, no es casualidad que el club que se decididiera en apostar de verdad por Hicham, aquel juvenil que contábamos aquí cómo deslumbraba en Almería, iba a dar un salto de calidad. El marroquí es un ídolo en Balaídos y acumula 11 goles, aunque el que verdaderamente la está rompiendo arriba es Borja Iglesias (24 tantos) un futbolista que curiosamente manejó la secretaría técnica sevillista a la hora de firmar un punta tras la lesión de Carlos Fernández (finalmente llegó Marc Gual). Tampoco lo es que apostara por andaluces de nivel. Del cordobés Adrián Castellano también hablamos aquí en su día cuando formaba parte del Real Madrid de Benavente, Raúl de Tomás, Álvaro Medrán, etéctera y, de Huelva, anda un fino centrocampista como Dani Molina, la demostración de que la conexión onubense no es (tampoco) casualidad en el Celta, que fue el primero en poner sus ojos en Aitor García, un excelente extremo con un disparo descomunal que se ha empeñado en subir a Primera con el Cádiz. Otros, pese a que mandaron a técnicos a verlo, a Mérida incluso, no hicieron nada. Y aún falta otro andaluz, el sevillano Alberto Solís, que fue internacional sub 16 cuando era jugador nervionense y que ha tenido alguna aparición en el filial aunque milita en el equipo juvenil.

Siempre es una buena noticia que haya filiales en Segunda, o que puedan optar a ello. Sólo el Barcelona B, que hizo una apuesta muy fuerte este verano (entre ellos, Dani Romera, la pareja de Hicham) ocupa a día de hoy posiciones de play off, ya que es líder del grupo III. Y sólo Valladolid B, Real Madrid B y Villarreal B (todos en quinta posición), tienen alguna opción de meterse.

De momento, sólo están ahí, o pueden estar, el Celta de Alejandro Menéndez y el Sevilla Atlético de Diego Martínez. Otro vigués, ¿casualidad?

 

El ‘otro’ fútbol, el único que defiende la pureza

Publicado por Jesús Alba  /   marzo 03, 2017  /   Publicado en Historias, Video  /   Ningún comentario
Uno de los equipos ganadores en ediciones anteriores.

Uno de los equipos ganadores en ediciones anteriores.

Me acerqué al fútbol formativo y, con lo que se ve a diario, cada vez tiene uno más ganas de salir huyendo. Pero pienso que si eso lo hiciéramos todos, no se acabaría con los malhechores. O, al menos, no se sabrían sus tejemanejes.

Para encontrar fútbol formativo como tal, como etimológicamente describen dos términos registrados en la Real Academia de la Lengua que son “fútbol” y “formación”, cada vez hay que irse más abajo. Y no es ya rebuscar en las edades más tempranas, sino que hay que salir (directamente salir) del fútbol federado. Egos, intereses económicos, deseos de ganar a costa de los derechos del niño, afán de posicionamiento, amiguismo, tráfico de influencias, frustraciones infantiles que desean ser hechas realidad en nuestros hijos… y otros muchos pecados pululan alrededor del protagonista y a la vez del más débil de todo este negocio: el niño, el adolescente y también el jugador que tiene 19 años que ya se empieza a asomar al profesionalismo y que no deja de ser un niño.

Seguiremos llamándole a las cosa por su nombre. Porque, de momento, no me han cansado.

Y digo que la pureza sólo reside ya fuera del fútbol federado porque al menos se intenta. El fútbol de las escuelas municipales es el que trata de hacer sonreír a los niños que han dejado fuera de este negocio. O bien porque sus padres son más felices así, o bien porque algunos creen que no tienen nivel para estar en otro estamento sin intentar que su crecimiento y aprendizaje sean herramientas para que sí tengan cabida en él.

Con un sistema de competición que evita desigualdades en el reparto de los minutos para que jueguen ‘los buenos’, frustraciones por goles recibidos, etc… la Real Federación Andaluza de Fútbol (RFAF) celebra cada año desde hace 22 ediciones la Danone Nations Cup (El Mundialito de las escuelas municipales), un ejemplo de organización ideada para evitar todo lo que el afán competitivo acaba destruyendo. Es verdad que el fútbol no puede concebirse sin que uno gane y otro pierda, pero no logramos meternos en la cabeza cuál es el fin último, pero ni en el federativo ni en el de las municipales.

Con 187 escuelas participantes de la toda la comunidad andaluza, lo primero que llama la atención es que el sistema de puntuación no contabiliza los goles y garantiza que cada entrenador reparta de igual manera los minutos de sus jugadores. Estamos hablando de categorías benjamín y alevín (fútbol 7). Si en el fútbol federado la norma dice que de los 12 niños inscritos en un acta todos tienen que participar en el partido un mínimo de minutos que es nimio (ni llega a 5 minutos) y que prácticamente ningún árbitro controla en la ejecución real de los cambios volantes, en este torneo, dividiendo cada partido en tres partes, se garantiza la igualdad. Como son tres tiempos de 15 minutos, en cada periodo se cambian obligatoriamente los jugadores sin posibilidad de sustituciones. Es decir, en el primer tiempo juegan 7 futbolistas y se quedan fuera 5, debiendo jugar éstos obligatoriamente el segundo periodo íntegro. Además, cada tiempo empieza con 0-0 independientemente del resultado obtenido en el primer tiempo para que ningún niño esté condicionado por lo que han hechos sus compañeros. Cada parte de 15 minutos puntúa como un partido independiente (es decir 3 puntos la victoria y 1 el empate) para que cada escuela sume los puntos de los tres periodos. En el último, una vez que han jugado obligatoriamente todos los niños 15 minutos, el entrenador puede elegir a los que desee. Los goles se contabilizan sólo en caso de que sean necesarios para desempatar.

Una opción para padres que quieran ver el fútbol y acudan a él como una fiesta para sus hijos, no para alardear de la calidad de su vástago y hacer el dichoso chiste (increíble que se diga directamente en las narices de los propios niños) de “a ver si nos saca de pobres”. Si no queremos cargar de responsabilidades insulsas y gratuitas a niños que lo que están haciendo simplemente es probar si les gusta una actividad como otra cualquiera, la pureza del fútbol reside en estas competiciones y en ninguna otra. El vídeo que ha dado la vuelta a España es una muestra de esta pureza. Que tras el gol se den abrazos sólo la mitad de participantes de un partido es una desigualdad que los niños no entienden.

Duende con todos los caminos por abrir

Publicado por Jesús Alba  /   febrero 15, 2017  /   Publicado en Las promesas  /   Ningún comentario
NombreRoberto Glez. BayónEquipoReal BetisEdad16


Nombre
Roberto Glez. Bayón
Equipo
Real Betis
Edad
16

El futbolista más prometedor de la cantera del Betis, estando ya en La Masía nombres propios como Ignacio Abeledo o Juan Miranda, lo trajo a Heliópolis alguien que fue expulsado por no tener “ADN bético”. Se fue, como llegó, en el ‘lote Fradua’, sin que se valorara el trabajo que estaba haciendo en la cantera del club heliopolitano. Esto es como todo, unos contarán la película de una manera y otros de otra, según le vaya o les interese. Evidentemente, asumo que no tengo todos los datos y que muchos me podrán argumentar lo contrario, pero los que manejo, como son los que tengo, los aporto. Y como no me debo a nadie, tengo libertad para contar lo que sea. Pero esto está montado así. Mejor limpiarlo todo a pesar de que haya alguien válido. Y si por casualidad es así, con más motivo todavía.

Una vez había un derbi de juveniles de Liga Nacional en la ciudad deportiva del Sevilla. No recuerdo el resultado. Con los derbis de cantera me pasa una cosa, que como ese día todo el mundo entiende de fútbol formativo, entrenamientos, dirección de equipos, gestión de escalafones inferiores, etc… y encima acude a la ciudad deportiva de turno más que para ver, para que los vean, pues me puse a ver otro partido. Había entones un Sevilla-Séneca de infantiles. Y allí, agarrado a la malla metálica y casi en un córner, me topé con Alberto González. Le hablé de un chico de su misma edad, infantil, que ese mismo año había vuelto a su pueblo porque había sido descartado por el Sevilla, donde llevaba unos años compitiendo. Que, por cierto, ahora ha vuelto a la disciplina nervionense. “¿De qué juega? Es que para ese puesto vamos a traer a un chico de Mérida”.

Roberto González Bayón es ahora mismo el futbolista mejor embocado en el Betis. Por arriba suyo está Julio Gracia, está José Irizo…, pero tienen que recorrer ya otro camino distinto. Roberto, o Rober, está en la cresta de la ola de los futbolistas de su edad. El Barcelona lo ha intentado, de momento sin suerte, pero volverá a hacerlo y en Europa…, pues en Europa pasa igual, que los clubes potentes ya tienen apuntado su nombre en rojo.

Con 21 goles (4 de penalti) es el máximo goleador de la recién creada División de Honor de cadetes. Internacional con la selección sub 16, precisamente en los últimos días de febrero acude a un torneo amistoso (la sub 16 es una selección que no compite oficialmente) a St. George Park junto Italia, Finlandia e Inglaterra en un grupo al que también acude el granadido del Barça Pablo Moreno, Nabil Touazi, el delantero recién birlado por el Manchester City al Valencia, el sevillista Brian Gil, o el portero también extremeño como él Alberto Sánchez Vivas, que, como augurábamos aquí, ya ha visitado las instalaciones del grupo RedBull para el Leipzig alemán.

De Roberto dicen que el Betis lo vio en un Mundialito de Portugal, pero no es así. Ya en ese torneo estaban avanzadas las conversaciones con su familia a través de esta persona del entorno Fradua, que recibió el aviso de un contacto local, Diego Pérez Colomo. Fue un refuerzo casi de urgencia, con la liga empezada, para un equipo infantil que andaba mal, pero que a la temporada siguiente acabó campeón de todo.

Se trata de un jugador distinto, con la magia de ese tipo de futbolista zurdo, intuitivo y descarado que hace que el tiempo se pare cuando el balón llega a sus pies para correr a una velocidad de vértigo en un pestañeo. Tiene un cambio de ritmo demoledor, un regate en seco que quita el hipo y una gran capacidad para entender el juego, tanto de mediapunta, donde explota su gran virtud de observación previa a la recepción, como de hombre más adelantado, como ha jugado partidos, por ejemplo, con la selección andaluza.

De momento está en el Betis, manteniendo al equipo de Juan Barco a dos puntos del líder, el Sevilla, y con los mismos goles que el nervionense Luismi Cruz (aunque éste ha jugado un partido más y lleva 7 de penalti). Pero el futuro que le espera es imprevisible. A poco que muestre su calidad en la selección española se le van a abrir muchos y ilusionantes caminos. Y mucho más allá de Barcelona.

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