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Defensor, el vivero de la Uruguay que quiere dominar Sudamérica

Publicado por Jesús Alba  /   junio 17, 2018  /   Publicado en Destacada  /   Ningún comentario

Siete jugadores presentes en Rusia 2018 formados en Defensor posan con Olivera.

Hablan en el fútbol de cantera a veces de las “camadas” contando a los futbolistas, que son personas, como si fueran animales. Se escucha a menudo eso de que aquella o esta camada salió buena, como se hablan de las cosechas, de una forma totalmente despersonalizada. Hay clubes que todos los años tienen “camadas” buenas porque precisamente tratan a sus futbolistas como lo que son, personas, a las que cuida, mima, forma, corrige, pule, endereza y, por último, hace brillar para que lleguen a la plenitud.

Yo me atrevo a decir que hay un club en Uruguay, Defensor Sporting, que está entre los cuatro mejores de cantera del mundo. A la altura del Ajax, del Dinamo de Zagreb, del Estrella Roja en los buenos tiempos del fútbol de la antigua Yugoslavia… y a un nivel hoy en día tangible, es decir, que se puede medir.

Con una Copa de Mundo en juego el Defensor es el cuarto equipo del globo con más representantes en el Mundial formados en su casa. No aporta ningún jugador en propiedad a Rusia 2018, pero hasta 8 miembros del equipo nacional de Uruguay salieron de sus inferiores. Sporting de Portugal con 12 (en la Academia cuidan los detalles como en pocos sitios he visto), Deportivo Saprisa con 11, y Dinamo de Zagreb (9) son los únicos clubes que superan al equipo viola en número de participantes en el Mundial formados en su casa. Pero no queda ahí la cosa, entre finales de mayo y principios de junio hasta 10 futbolistas de Defensor han participado en dos torneos sub 20 con la selección de Uruguay y, realmente, ésa la base y prácticamente todo el equipo titular del cuadro que ha avanzado hasta los octavos de final de la Copa Sudamericana, en los que vivirá una apasionante eliminatoria ante el Fluminense brasileño.

“Desde hace varios años somos el principal suministrador de jugadores para todas las selecciones”, dice Olivera, asesor deportivo e institucional de Defensor

Martín Campaña (25 años), portero del Independiente argentino, subió desde el U19 de Defensor a su primer equipo en la temporada 15-16. Después a Maldonado y de ahí a Argentina.

Maxi Pereira (34), contrastadísimo lateral derecho del Oporto que pasó por el Benfica, subió desde el juvenil viola a su primer plantel en 2002.

Martín Cáceres (31), un trotamundos que aún tiene cuerda para rato y que ha jugado en media España (Villarreal, Recreativo, Sevilla y Barcelona) y media Italia (Juventus, Hellas Verona y Lazio), con un paso por la Premier (Southampton). Es de la generación que dio el salto desde el U19 de Defensor en 2006.

Martín Silva (35), veterano portero que hizo carrera en Brasil tras debutar en la 01-02 y que volvió en diez años después. Juega en el Regatas de Bahía tras pasar por Olimpia y Vasco da Gama.

Y los más jóvenes,

Giorgian De Arrascaeta (24), jugador del Cruzeiro desde la 14-15 tras tres temporadas en su cuna, Defensor.

Diego Laxalt (25), extremo izquierdo del Genoa. Irrumpió desde el juvenil en 2012 y pasó por Inter de Milan, Bolonia, Empoli, vuelta al Inter y Genoa.

Gastón Silva (24), lateral izquierdo de Independiente, compañero de Laxalt en la misma generación y que también, como él, viajó a Italia, Torino, paso por Granada cedido y vuelta al Torino antes de ir a Argentina.

El último es ese delantero que se rifa media España a sus 21 años, que ha explotado en el Celta después de su primer año en la élite. Maxi Gómez dio el salto al primer equipo de Defensor en 2015. Tras sus primeros cuatro meses en Europa, en enero, su club, rechazaba 25 millones por de un club chino.

“Somos una institución que promueve la enseñanza de valores a través de la competencia de juego. Contamos con una extraordinaria cantera, que no sólo formamos en el ámbito profesional sino también en aspectos personales”. Quien habla es Nicolás Olivera, quien fuera elegido Balón de Oro FIFA en el Mundual sub 20 de Malasia, ex futbolista del Valencia, Sevilla, Valladolid y Córdoba y que actualmente es asesor deportivo e institucional del club viola.

“Desde hace varios años somos el principal suministrador de jugadores para todas las selecciones y ésta que nos representará de la mejor manera en Rusia no será la excepción. Contamos con ocho integrantes de esta selección que hicieron todos sus formativas en el club”, añade el ex futbolista, que, como no podía ser de otra forma debutó en el primer equipo de Defensor con 17 años y jugador del equipo uruguayo nada menos que en cinco etapas distintas.

Defensor es algo más que un club en Uruguay. Es una filosofía de vida, un forma de entender las cosas que casa, por ejemplo, con la personalidad del Nico, quien logró traspasar su pasión por Bob Marley a la hinchada viola.

Pero más allá de eso, el fútbol uruguayo que viene promete emoción. Dispuesto a dominar el fútbol en Sudamérica, por algo ha empezado proclamándose campeón del último Sudamericano sub 20 de selecciones y conquistando la última Copa Libertadores sub 20, celebrada en febrero precisamente en Montevideo. Y allí, el Atlético Nacional demostró por qué el país anda haciendo bien las cosas desde la base, con la pujanza perenne de los productos que salen de Defensor. Dejando atrás a favoritos como los brasileños, Sao Paulo (atentos al nivel de los Tuta, Rodrigo, Casio, Anthony, Toró, Igor Pereira, Gabriel Novaes… ) y Cruzeiro (Vitinho, Rafinha…), o al representante argentino, un Talleres de Córdoba con un crack en sus filas, Ezequiel Beltramone, Nacional se proclamó campeón de la cita y el otro representante uruguayo, River Plate, acabó tercero.

Ocampo, May y Vecino, tres puntales de Nacional, campeón de la Libertadores Sub 20.

Con jugadores con un futuro espectacular como Guillermo May, Brian Ocampo, Joaquín Trasante, Matías Laborda, Thiago Vecino, Juan Manuel Sanabria en sus inferiores y una realidad como Cristian Oliva en su primer equipo con 22 años, Nacional puede decirse que tiene varias ventas aseguradas. Porque, todo hay que decirlo, el éxito de cualquier club sudamericano es posicionarse bien para vender futbolistas al exterior. Hay clubes en nuevo continente que, a falta de recursos, están haciendo las cosas muy bien en sus inferiores. Independiente del Valle en Ecuador, subcampeón de la Libertadores con una generación prodigiosa que mezcla talento, fibra y potencia. Y esto es lo mismo, la final del Sudamericano (Uruguay-Ecuador) se repitió en la Libertadores.

“Nuestros futbolistas son nuestro mayor patrimonio, como tal estamos muy orgullosos que cada año podamos vender éstos en el mercado local e internacional. Lógicamente, la selección es nuestro mayor altavoz. En las categorías menores de la selección de Uruguay siempre contamos con un promedio de siete jugadores que salieron de diferentes niveles de juveniles del club y es una satisfacción verlos en distintos campeonatos dentro y fuera del país”, explica Olivera.

Martín Cáceres, junto a Nicolás Olivera.

Y a fe que es verdad. De 39 jugadores seleccionados para el sub destinados a dos torneos internacionales, el Panda Cup China (23-27 de mayo) y los Juegos Sudamericanos Odesur en Cochabamba (25 mayo-8 junio), Defensor fue el equipo que más jugadores aportó, un total de diez que forman la base de un primer equipo extraordinariamente joven que comanda Eduardo Acevedo, con muy pocos veteranos (apenas Goñi, Matías Cardacio o Maulella) y una edad media que ronda los 23 años.

Carlos Benevidez (20) y Ayrton Cougo (22), dos de sus mejores talentos fuera de esta lista por edad (el primero es el cerebro del equipo y uno de los jugadores más vigilados desde Europa), Defensor ofrece una larga lista de jugadores más que prometedores. Empezando por Emiliano Gómez, un jugador que con 16 años parece tener más por envergadura, fuerza y potencia y que debutó en la Copa Libertadores mayor con un dos penaltis provocados y uno convertido, y acabando por Juan Manuel Boselli, un delantero de 18 años con una zurda demoledora que estuvo junto a Benavidez en el Mundial sub 20. Por medio, una amplia lista: Facundo Batista, un delantero con futuro, Luciano Boggio (volante central), Gonzalo Napoli (delantero), Juan Manuel Figueroa (lateral derecho), Gastón Álvarez (defensa), Nahuel Suárez (portero), Matías Dufour (portero) e Ignacio Laquintana (volante).

Uruguay perdió el 8 de junio la final de los Juegos Sudamericanos en Bolivia ante Chile un partido decidido en la prórroga (1-0), pero el futuro futbolístico que le espera es muy alentador, igual que a un pequeño y entrañable club que desde hace unos años es la referencia en la formación del país y que engancha a cualquiera que se asoma a ver cómo trabaja.

 

 

El fútbol de bronce será de los filiales

Publicado por Jesús Alba  /   junio 08, 2018  /   Publicado en Headline  /   Ningún comentario

Presupuestos… La palabra mágica en el fútbol va camino de convertir este deporte en pura tiranía. Resistirán algunos coletazos de romanticismo, algún equipo con talento y bien trabajado que rápidamente se quedará huérfano con el fichaje, por el pez grande, del entrenador (joven seguro) que obre el milagro.

La reestructuración anunciada por la Federación de la Segunda B y la Tercera, con una tabla clase A y otros tres grupos en los que incluirá a sesenta y tantos equipos que tendrán que hacer méritos para pertenecer, de facto, a la categoría de bronce, si no me equivoco va a propiciar esa liga de filiales que algunos tanto defienden y que los clubes, porque quieren que sus chicos aprendan a competir, no desean. Lograrán colarse entre ellos ciertos equipos de ciudades grandes si sus ayuntamientos se mojan poniendo dinero y si los que se frotan las manos por manejar la chequera lo más redondo que han visto no es un cubo de fregona.

Quien en las dos últimas temporadas le han quedado pocos filiales que ver entre Segunda B y Tercera coincidirá conmigo en que la tendencia está clara: talentos extrajeros que logran colar los representantes (en un filial siempre estarán más cerca de la élite), en algunos casos como pago a otros favores, y jugadores veteranos que ayudan a competir a los más jóvenes. Ejemplos hay muchos: el Atlético B firmó a Cristian Perales (28 años) y el Valencia B, que hace un año jugaba el play off con Ariday (29) y Quim Araújo (portugués de 30), reforzó esta campaña su centro del campo con el trotamundos argentino Damian Petcoff (28).

De 17 filiales en play off a 2ªA y 2ªB, sólo 4 ya no tienen opciones (Depor, R.Sdad, Athletic y Rayo), 3 han ascendido (Málaga, Espanyol y Oviedo) y 10 siguen vivos (Sporting, Villarreal, Celta, Cádiz, Levante, Getafe, Tenerife, Alavés, Mallorca y Almería)

Repasar los cuadros en la promoción de ascenso lo constata. Tres filiales recién ascendidos han luchado por subir y dos siguen vivos, Sporting y Cádiz. Celta y Villarreal ahí andan y por el camino se quedaron Dépor, Real Sociedad y Athletic. Y de Tercera a Segunda B de todos los clasificados, el Málagueño ya ascendió y sólo uno hasta ahora cayó eliminado (el Rayo).

Artículo de opinión publicado en Diario de Sevilla (4-6-2018)

Somos lo que comemos

Publicado por Jesús Alba  /   mayo 30, 2018  /   Publicado en Headline  /   Ningún comentario

Con los mismos ingredientes se pueden hacer varios tipos de platos, ahora que tan de moda está en este país la cocina de autor y los concursos entre chefs, incluso fomentando lo que llamaríamos en fútbol, formación, lo que tiene que ver con los niños y las fases evolutivas.

Con el balón es distinto. En la pequeña pantalla, que no nos saquen de los mismo. Real Madrid, Barcelona, sus estrellitas y su día a día en las redes sociales. De cocina y de fogones, nada de nada. Pero es en los fogones donde se cuece el fútbol y frases hay para entenderlo. “Se juega como se entrena”, “somos lo que comemos”… Estas dos sentencias podríamos unirlas haciendo un ejercicio de imaginación y entenderíamos qué es lo que está pasando en nuestros campos.

Tiramos habitualmente de estereotipos y corremos el riesgo a menudo de caer en el error, pero también es bueno pararse a pensar en ellos, de dónde vienen, por qué alguien pensó que eran una ley y por qué otros lo siguieron hasta que nos llegan diariamente como sentencias. ¿Hay algo de verdad? Así, siempre hemos oído que los mejores laterales son los brasileños, para pivotes de cierre, los portugueses; gambeteadores, los argentinos; en Paraguay, centrales serios y goleadores en la estrategia; en Francia, buenos delanteros; Alemania e Inglaterra cuna de jugadores físicos, altos, fuertes; los africanos, potentes pero indisciplinados y desastrosos en lo táctico. Y en España, todos lo sabemos, jugones: centrocampistas inteligentes, pequeñitos o no, que tocan y tocan…

Pero es el producto que cada uno cultiva o cocina. Todo, absolutamente todo, es lo que comemos. El entrenamiento es de lo que se nutre el futbolista, el alimento con el que va a crecer y lo que acabará siendo. ¿Nos extrañamos de que todos los equipos en todas las categorías busquen y paguen a precio de oro delanteros y centrales cada vez que se abren los mercados?

Desde que el albero pasó a mejor vida y llegó el césped artificial al fútbol base todo cambió, como desde que los padres no se pierden un partido del niño y hasta los entrenamientos. Antes iban los padres, ahora van las madres. Desde que las rodillas desolladas ya no se ven porque el chiquillo juega superprotegido y abrigado con mallas y camiseta térmicas, braga polar, guantes y si pudiera hasta con gorro y chaquetón… desde que los entrenadores de base quieren jugar a ser Guardiolas a toda costa… pues ya nada es igual.

Hemos asistido recientemente al desembolso espectacular en el fútbol por tres defensas. Virgil Van Dick, es, con 85 millones pagados por el Liverpool al Southampton, el defensa más caro de la historia del fútbol. El Manchester City pagó 65 por Laporte y la causa-efecto fue los 35 que el Athletic para cubrir su baja abonó a la Real Sociedad por Íñigo Martínez.

Y nos podemos preguntar, ¿hemos contribuido los entrenadores a este encarecimiento? El fin del albero o el barro a cambio de jugar en alfombra le dio otra decoración a la cocina del fútbol. Dejamos los guisos, la cocina mediterránea, y nos quedamos en la decoración del plato. El arte de despejar, chocar, saltar, cruzarse, una buena orientación corporal… fue perdiendo terreno ante la obsesión por sacar el balón jugado. Se nos olvidó enseñar a defender a los defensas. Se nos olvidó la sustancia.

En España, además de que no salen centrales, tenemos un problema con los delanteros. ¿Por qué en la selección española hemos visto recientemente a jugadores que superan, y de largo, la treintena? Aduriz, con 35, Fernando Torres, tenemos que ‘fichar’ a Diego Costa, tuvimos que recuperar a David Villa con 36 en su retiro en la MLS estadounidense… ¿Por qué no hay delanteros nacionales en nuestros equipos? Cíclicamente el Real Madrid saca un canterano que no acaba jugando en el Bernabéu por supuesto y que puede competir algo en el mercado. Negredo, Morata, ahora Borja Mayoral… ¿Pero se preocupan los clubes españoles por tener delanteros nacionales? La respuesta es no, pues la carrera de los favores a los representantes hace que fichen extranjeros hasta para sus filiales y sus equipos juveniles. Podemos culpar a los clubes y sus modelos de negocio. También.

Pero igualmente podíamos mirar lo que tenemos en la despensa. La razón la podemos tener en nuestro diseño de tareas o, al menos, podíamos intentar cambiar algo desde nuestra posición si nos lo proponemos. Y, en este sentido, somos lo que comemos. Si hemos apostado por el rondo, por sacar el balón jugado, por tareas de mantenimiento de balón en espacios reducidos, con comodín, sin comodín… obtendremos un producto muy determinado, el centrocampista creativo, a lo sumo el mediapunta con calidad para el último pase.

Los entrenadores de base tendemos a creer a veces que llevamos equipos profesionales y diseñamos sesiones aburridas y tremendamente complejas para niños de 10 o 11 años. Quizá en cadetes sí se les puede exigir ya una concentración táctica superior y unas necesidades cognitivas concretas, pero si no queremos que se aburra, el niño de menos edad no puede irse a casa después de un entrenamiento sin jugar un partido libre aunque sea de 20 minutos y que no tire a puerta.

En Francia, desde niño todas las tareas incluyen una situación de uno contra uno o terminan en finalización y el producto final se nota. Los cuatro clubes de nuestra Liga con más presupuesto tienen delanteros franceses en sus plantillas, cinco en total: Griezmann, Gameiro, Benzema, Dembele y Ben Yedder, Podemos seguir en España con Bakambu, Beauvue, Remy y un largo etcétera, por no hablar en las mejores Ligas de Europa: Martial, Giroud, Payet, Mbappé, Lacazette, Gignac, Coman…

Permítanme acabar este artículo con unas palabras de Oriol Riera, futbolista formado en La Masía, que chocó con otra realidad distinta cuando abandonó el Barça. El fútbol real lo aprendí fuera del Barça. Ellos enseñan un único tipo de fútbol, el que les permite formar jugadores para el primer equipo. Si llegas, estupendo. Pero si dejas el club tienes un problema: te enfrentas a otra dimensión en todo. Te has formado como especialista, especialista en Barça. Pero fuera es otra cosa: te vas de allí y debes buscarte la vida”.

En España podemos presumir de Iniestas, Iscos, Busquets o Xavis, pero también habría que empezar por ampliar la diversidad del producto. Así conseguiremos que nuestra formación sea más completa y nuestra cocina más sabrosa.

Artículo publicado en la web de Pablo del Pino
www.pablodelpino.com

Cultivar el ‘otro fútbol’ y sus genuinos valores

Publicado por Jesús Alba  /   mayo 04, 2018  /   Publicado en Historias, Video  /   Ningún comentario

Hay un fútbol muy alejado de los focos de los estadios, de los Messis y los Cristianos Ronaldos, y es el que trata de cuidar y cultivar la Real Federación Andaluza de Fútbol (RFAF). Defender la formación como valor parejo e incluso más importante que la competición, potenciar la educación a través del deporte, garantizar los derechos del menor, fomentar la integración… son los pilares sobre los que deben construirse el futuro de una sociedad, de la sociedad que debe rodear el fútbol.

Los jugadores de ahora en fútbol base serán los aficionados del mañana y mientras los organismos gubernamentales tratan de luchar por erradicar de los estadios los insultos y las agresiones, la labor de los programas puestos en marcha en Andalucía ponen una piedra importante en este camino.

Mientras nos aturden a diario con imágenes vergonzosas de padres enzarzados en batallas campales en partidos de alevines y benjamines, mientras el insulto es moneda de cambio habitual, la presión al  niño, la agresividad, la escasez de valores, las faltas de respeto al contrario, al árbitro, al entrenador, incluso al compañero… los técnicos de la Federación Andaluza han sido pioneros en el lanzamiento de campañas para cuidar el fútbol base y educar a través de él. Un spot muy acertado fue el que mostraba la cara de un niño mientras una voz en off reproducía los consejos equivocados de sus padres. “Venga, que son muy malos”, “tú eres mejor que él”, “hazme caso a mí y no al entrenador”, “árbitro, qué malo eres”, “hay que ganar como sea”… Mientras estas frases suenan como bofetadas en el rostro del niño, éste al final explota llevándose las manos a la cara, con un ruego. “Déjame jugar”, el título de la campaña.

Es sólo un ejemplo, muy ilustrativo, de lo que desea inculcar el fútbol andaluz. Porque hasta que entendamos que en el fútbol formativo, en el fútbol base, el resultado pasa a un segundo plano, estas situaciones se seguirán repitiendo.

Antes, la RFAF se preocupa en premiar comportamientos solidarios en el terreno de juego. Iniciativas como la ‘Tarjeta Verde’ o el ‘Brazalete Fair Play’ se pusieron en marcha para fomentar decisiones ejemplares que también han sido recogidos en vídeos, aunque desafortunadamente con menos difusión que las peleas entre padres y entrenadores. Acciones como dejarse un gol por entender que el árbitro se equivocó a favor, dejar el juego por atender a un rival lesionado… han sido objeto de estos premios simbólicos que tratan de concienciar a la sociedad.

Otros programas como el llamado ‘Árbitro protegido -18 años’ han tratado también de defender la labor de los jueces, en muchos casos menores de edad, que deben sufrir más que nadie la violencia que campa a sus anchas por nuestras instalaciones deportivas.

El fútbol andaluz también, como cada año, se ocupó del deporte inclusivo, se preocupó por la integración, una de las funciones primarias del deporte. En las jornadas de ‘Fútbol y Otras Capacidades’, la RFAF se volcó en acercar el fútbol y el deporte en general a personas discapacitadas. Con la presencia estelar como cada año de Gonzalo Rivas, director general de discapacidad de la Junta de Andalucía, la normalidad le ganó terreno a la competitividad insana y a la discriminación. En este sentido, Andalucía cuenta con equipos varias modalidades tanto de fútbol sala adaptado como para jugadores con Sindrome de Down que compiten con otras comunidades autónomas.

También, como cada año, se organizó el Trofeo de Instituciones Penitenciarias, una iniciativa que alcanzó la octava edición con un fin claramente integrador con gran éxito.

Además, las escuelas de la Federación organizaron como cada temporada su competición alternativa a la federativa. Un campeonato en el que participan las escuelas de fútbol y en la que las reglas impiden que se produzca un número determinado de goles de diferencia, que obliga a los entrenadores a que sus jugadores disputen los mismos minutos y que trata sobre todo de premiar la confraternidad y los buenos valores.

Por último, el proyecto más ambicioso que arrancó en 2017 fue el llamado ‘Club Salud’. Liderado por el prestigioso especialista en nutrición y médico de la selección española Antonio Escribano, su presentación en el hotel Alfonso XIII de Sevilla contó con la presencia de Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía, Juan Luis Larrea en su primer acto como presidente de la Federación Española en sustitución de Ángel Villar y Javier Tebas, presidente de LaLiga. Dividido en diferentes frentes como piel, vida o nutrición, este programa trata de inculcar buenos hábitos sanitarios para el deportista, de higiene, de protección solar, el ciudado de los tatuajes, tan extendido en el mundo del fútbol por los iconos televisivos, así como la calidad de la nutrición, la gasolina para cualquier deporte, y la cardioprotección de todas las instalaciones deportivas. En este sentido, reducir al máximo la muerte súbita debe ser el objetivo de nuestras autoridades deportivas, al tiempo que con la creación de este programa y en convenio con la Junta de Andalucía, todos los futbolistas federados podrán ser atendidos por el Servicio Andaluz de Salud, algo que no era posible hasta ahora y cuyas atenciones recaían exclusivamente en la mutualidad sanitaria de la Federación.

Todo ello, junto con la habitual formación adecuada para entrenadores y formadores en general, los que tienen que poner la semilla para que el fútbol cumpla esa función en la sociedad tan importante por la potente herramienta que es en la educación.

Artículo publicado en el Anuario Grupo Joly 2017

Cómo convencer a un goleador para que se salga de la jugada

Publicado por Jesús Alba  /   octubre 17, 2017  /   Publicado en Headline, Video  /   Ningún comentario

MarcelinoEl fútbol consigue cosas increíbles. Puede hacer correr a Dani Parejo, que sea el jugador que más balones recupere de su equipo el mismo que se hacía selfies en discotecas que encendían al valencianismo. Puede hacer que la afición de Mestalla, la que no conectaba con Benítez porque las ligas las ganaba sin dar espectáculo, o con Emery por reincidir en ser tercero por lo mismo, vibre con un entrenador que fue tachado de jugar a la contra. Parece un estigma, una marca de lepra en un mundo en el que lo guay es sacar el balón jugado desde atrás. La propuesta. ¿Qué es la propuesta? Lo que alguien propone, sin tener que ser una imposición del qué. Cada cual propone lo que tiene, lo que quiere dar, lo que pide, lo que le demandan y en lo que cree.

El modelo de Marcelino en el Valencia puede decirse que, en frescura, es equiparable al Nápoles de Sarri la temporada pasada, hoy ya una confirmación en toda regla por delante de la Juventus en el Calcio. Con distintos estilos, vertical siempre el del asturiano y con un eficaz juego de descarga y pase en cortito atrás tipo Jose Mari Bakero el napolitano. En una competición en la que parecía que el único fútbol aceptable es el del juego de posición, el rondo por el rondo, un entrenador que siempre creyó en su modelo anda demostrando que llegar en ocho segundos es dar espectáculo. Hace un arte de la fase de transición ofensiva, momento cumbre de un modelo que es mucho más que eso. Pero analicemos ese aguijón continuo con que mata a sus rivales. Revolotea, enreda y lanza el picotazo. Muerte. Pero no un picotazo cualquiera. Es un ataque estudiado, muy trabajado en un proceso con muchas fases de elaboración en la que juega un papel crucial el poder de convencimiento, meterle en el coco a sus delanteros que un tres contra dos no es una excelente ocasión para sumar un golito más a su cuenta particular. Prima el colectivo.

He visto a equipos grandes, con plantillas millonarias, con entrenadores cotizadísimos… no saber ejecutar un contraataque en clara superioridad numérica. Delanteros que corren como posesos esperando el pase mientras miran de reojo al compañero conductor del balón. En el mundo de los entrenadores quedó la ley de que el que quiere ganar trabaja con rondos y posesión, mientras que el equipo perdedor, el equipo defensivo, es el que durante la semana trabaja las contras. Marcelino ha puesto donde se merece esta suerte privilegiada en un fútbol tan táctico. En un fútbol en el que el espacio es un bien preciado, oro puro en un bosque de piernas, me han confesado entrenadores que han llegado a aleccionar a sus futbolistas para provocar la propia pérdida. Lo aplaudo. ¿Por qué? Porque es una manera de engañar al rival. Hacer que éste pase de fase defensiva a ofensiva y se acomode en ella. Ya llegará el zarpazo inmediato. Pillarlo saliendo. El fútbol que gana partidos es el de la batalla mental por las fases del juego. Jugar con esos segundos preciosos de transición, ese momento que dura décimas de segundo en el que el futbolista pasa de pensar en atacar a pensar en defender y al contrario. El resto son movimientos estudiados.

¿Cómo convencer a un goleador, esa alimaña que sólo piensa en la carroña que queda suelta en el área para lanzar su zarpa, que debe salirse de la jugada para crear un espacio? Gran misterio. Un trabajo durante la semana, arduo, intenso, -hablando vulgar y claro- de comida de coco. En el Valencia un goleador como Simone Zaza está disparando sus registros anotadores haciendo movimientos que nunca haría un cazagoles. En el partido ante el Betis se da la circunstancia de que inicia él una transición ofensiva robando un balón tras el penalti fallado por Sergio León. Inicia un contraataque en el que a mitad de carrera renuncia a él para hacer su trabajo, escorarse, llevarse a su par y no acompañar la carrera para que tampoco lo haga su marcador. ¿Hay mayor demostración de amor a un contraataque? El goleador que renuncia a él.

En las contras del Valencia de Marcelino hay amagos de desmarques de ruptura, hay arrastres, aclarados para que surja el pasillo y hay jugadores que, como Zaza, se frenan en plena carrera para jugar con su par, que va por delante y que al perder la referencia visual sigue y sigue acercándose hasta la zona de finalización mientras el italiano se para, gana metros y espera a su presa. El pase de la muerte en una transición a esa velocidad es el golpe certero, la culminación a una obra de arte. Todos o casi todos los goles que llevan la firma de Simone Zaza han sido dando el paso atrás, alejándose de la jugada…

 

Y no sólo es la contra. El mismo ataque de posición es una ataque rápido que busca no permitir la reordenación defensiva del contrario. Reducir el tiempo de balón (pases fuertes, por alto o por bajo), reducir los toques y mucho baile de espacios. Extremos que se estiran para estirar la defensa, abrir los pasillos entre lateral y central, aparición de la segunda línea… Un bello baile en armonía, pero a ritmo de rock and roll girando a 45 rpm. Viva el fútbol total, el fútbol de verdad.

Una lanza en defensa del padre del futbolista

Publicado por Jesús Alba  /   junio 21, 2017  /   Publicado en Historias  /   Ningún comentario
Padres y abuelos asisten a un partido de fútbol base.

Padres y abuelos asisten a un partido de fútbol base. / Angel García (CD Canillas).

A lo mejor me estoy metiendo donde no me llaman, pero soy muy dado a eso. Me suelo poner a menudo en el lado contrario de la corriente ganadora en los debates. Más que nada y, primero, para ver cómo se siente uno. Después decido en qué bando me quedo.

Y esto es –afirmo- como todo, como la sociedad nos lo marca. De unos años a esta parte, alentados por las barbaridades que se ven en imágenes en las redes (ya que nos ha dado por grabarlo todo), el padre del niño que juega al fútbol en una escuela, en un equipo de pueblo o de barrio o en las categorías inferiores de un club profesional ha pasado de ser un elemento más o menos incómodo o colaborador a ser un auténtico demonio movido por la ambición, el egoísmo focalizado en la carrera del niño y el deseo de machacar al de al lado, o mejor dicho, al que juega en el puesto de su vástago. ¿O no es cierto que los padres hacen buenas relaciones e incluso van juntos en el coche con los padres del resto del equipo menos con el competidor directo del hijo? No hay malas formas, pero no hay el mismo rollito entre el padre -y la madre, por supuesto- del portero habitualmente suplente con el padre y la madre del portero casi siempre titular.

Y yo pienso… ¿No será la sociedad? ¿Nos hemos parado a pensar cómo son los padres de los niños que practican otros deportes, o los padres de los niños que estudian para “ser alguien en la vida”? ¿Quién no escucha hoy a diario a padres hablando de sus hijos ensalzándolos como reyes victoriosos en la batalla campal de unas oposiciones o en la graduación de una carrera universitaria? “Mi Fulanito o mi Menganita ha sacado el número uno de 10.000 que se han presentado. Ahora tiene que ir un año a estudiar a Pernambuco, que me va a costar un ojo de la cara y parte de otro, pero su madre y yo nos sacrificaremos. Y después cuando termine ya está colocado/a. Mi fulanito/a es que vale para estudiar. Desde chiquetito/a ha sacado las mejores notas de la clase y de todo el colegio”.

Todo ha cambiado. Es verdad. Yo no jugué un pimiento a nada, pero mi padre jamás de los jamases vino a verme a jugar un partido. Los padres de nuestra época quizá estaban en otra cosa. Pero sigo diciendo que el padre del niño futbolista no es peor que el del niño que se apunta a piano, el niño que juega al tenis, al pádel o el que estudia en el conservatorio. Son todos lo que son, padres. Y todos queremos lo mejor para nuestros hijos. ¿Será la sociedad? ¿Será que antes cuando el maestro te castigaba tu padre le daba la razón al profesor y ahora se puede llevar dos hostias si no agacha la cabeza en la tutoría? ¿Será que antes la decisión del entrenador era respetada por todos y hoy los padres son capaces de poner a medio equipo en contra del formador?

Hay muchas cosas que han mejorado en el fútbol base, muchísimas y enumerarlas aquí sería interminable, pero otras han empeorado. Pero no es el padre del futbolista. Es la sociedad, competitiva y estresante al máximo, con niveles muy alto de saturación en niños a través de actividades extraescolares que generan una tensión en casa (hay que llevarlos y traerlos) que no existía antes, cuando, simplemente, jugábamos. En el fútbol, como en todo, hay padres y hay padres. Y he conocido de todo en estos años que llevo cerca del fútbol de formación, de cantera y ya rozando al profesionalismo. He visto padres que han cambiado el trabajo y la ciudad de residencia porque el niño ya ha pasado por el Espanyol, por el Villarreal y por el Atlético de Madrid con sólo 14 años y también he visto a padres que no han estado dispuestos a hipotecar la vida de sus hijos y la suya propia y los han dejado que sigan disfrutando en el equipo de su pueblo yendo ellos solos con su mochilita a entrenar y no ir a llevarlos a diario al Sevilla o al Betis a sólo 20 kilómetros de distancia. Conozco a algún padre que ha sido jugador profesional y que tiene dos hijos futbolistas (uno de ellos estuvo en La Masía) y que no ha ido nunca a ver un partido de ninguno de ellos. Y también conozco a la parte contraria, el que cambia los turnos en el trabajo para no perderse ni un solo entrenamiento.

Que el fútbol es una actividad muy llamativa porque a todos nos hubiese gustado ser futbolistas de élite o que nuestros hijos fueran profesionales y ganaran mucho dinero para que nos podamos comprar un Mercedes, pues sí. Pero igual que el padre que quiere que su niño sea médico porque viene de una familia de médicos y tiene que ser el mejor de su promoción.

No nos equivoquemos. Es la sociedad, no es el fútbol.

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