Cómo convencer a un goleador para que se salga de la jugada

Publicado por Jesús Alba  /   octubre 17, 2017  /   Publicado en Destacada, Video  /   Ningún comentario

MarcelinoEl fútbol consigue cosas increíbles. Puede hacer correr a Dani Parejo, que sea el jugador que más balones recupere de su equipo el mismo que se hacía selfies en discotecas que encendían al valencianismo. Puede hacer que la afición de Mestalla, la que no conectaba con Benítez porque las ligas las ganaba sin dar espectáculo, o con Emery por reincidir en ser tercero por lo mismo, vibre con un entrenador que fue tachado de jugar a la contra. Parece un estigma, una marca de lepra en un mundo en el que lo guay es sacar el balón jugado desde atrás. La propuesta. ¿Qué es la propuesta? Lo que alguien propone, sin tener que ser una imposición del qué. Cada cual propone lo que tiene, lo que quiere dar, lo que pide, lo que le demandan y en lo que cree.

El modelo de Marcelino en el Valencia puede decirse que, en frescura, es equiparable al Nápoles de Sarri la temporada pasada, hoy ya una confirmación en toda regla por delante de la Juventus en el Calcio. Con distintos estilos, vertical siempre el del asturiano y con un eficaz juego de descarga y pase en cortito atrás tipo Jose Mari Bakero el napolitano. En una competición en la que parecía que el único fútbol aceptable es el del juego de posición, el rondo por el rondo, un entrenador que siempre creyó en su modelo anda demostrando que llegar en ocho segundos es dar espectáculo. Hace un arte de la fase de transición ofensiva, momento cumbre de un modelo que es mucho más que eso. Pero analicemos ese aguijón continuo con que mata a sus rivales. Revolotea, enreda y lanza el picotazo. Muerte. Pero no un picotazo cualquiera. Es un ataque estudiado, muy trabajado en un proceso con muchas fases de elaboración en la que juega un papel crucial el poder de convencimiento, meterle en el coco a sus delanteros que un tres contra dos no es una excelente ocasión para sumar un golito más a su cuenta particular. Prima el colectivo.

He visto a equipos grandes, con plantillas millonarias, con entrenadores cotizadísimos… no saber ejecutar un contraataque en clara superioridad numérica. Delanteros que corren como posesos esperando el pase mientras miran de reojo al compañero conductor del balón. En el mundo de los entrenadores quedó la ley de que el que quiere ganar trabaja con rondos y posesión, mientras que el equipo perdedor, el equipo defensivo, es el que durante la semana trabaja las contras. Marcelino ha puesto donde se merece esta suerte privilegiada en un fútbol tan táctico. En un fútbol en el que el espacio es un bien preciado, oro puro en un bosque de piernas, me han confesado entrenadores que han llegado a aleccionar a sus futbolistas para provocar la propia pérdida. Lo aplaudo. ¿Por qué? Porque es una manera de engañar al rival. Hacer que éste pase de fase defensiva a ofensiva y se acomode en ella. Ya llegará el zarpazo inmediato. Pillarlo saliendo. El fútbol que gana partidos es el de la batalla mental por las fases del juego. Jugar con esos segundos preciosos de transición, ese momento que dura décimas de segundo en el que el futbolista pasa de pensar en atacar a pensar en defender y al contrario. El resto son movimientos estudiados.

¿Cómo convencer a un goleador, esa alimaña que sólo piensa en la carroña que queda suelta en el área para lanzar su zarpa, que debe salirse de la jugada para crear un espacio? Gran misterio. Un trabajo durante la semana, arduo, intenso, -hablando vulgar y claro- de comida de coco. En el Valencia un goleador como Simone Zaza está disparando sus registros anotadores haciendo movimientos que nunca haría un cazagoles. En el partido ante el Betis se da la circunstancia de que inicia él una transición ofensiva robando un balón tras el penalti fallado por Sergio León. Inicia un contraataque en el que a mitad de carrera renuncia a él para hacer su trabajo, escorarse, llevarse a su par y no acompañar la carrera para que tampoco lo haga su marcador. ¿Hay mayor demostración de amor a un contraataque? El goleador que renuncia a él.

En las contras del Valencia de Marcelino hay amagos de desmarques de ruptura, hay arrastres, aclarados para que surja el pasillo y hay jugadores que, como Zaza, se frenan en plena carrera para jugar con su par, que va por delante y que al perder la referencia visual sigue y sigue acercándose hasta la zona de finalización mientras el italiano se para, gana metros y espera a su presa. El pase de la muerte en una transición a esa velocidad es el golpe certero, la culminación a una obra de arte. Todos o casi todos los goles que llevan la firma de Simone Zaza han sido dando el paso atrás, alejándose de la jugada…

 

Y no sólo es la contra. El mismo ataque de posición es una ataque rápido que busca no permitir la reordenación defensiva del contrario. Reducir el tiempo de balón (pases fuertes, por alto o por bajo), reducir los toques y mucho baile de espacios. Extremos que se estiran para estirar la defensa, abrir los pasillos entre lateral y central, aparición de la segunda línea… Un bello baile en armonía, pero a ritmo de rock and roll girando a 45 rpm. Viva el fútbol total, el fútbol de verdad.

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