Cuando una expulsión no arruina un gran partido

Publicado por Jesús Alba  /   febrero 01, 2017  /   Publicado en Headline  /   Ningún comentario
José Luis López, en una bella carrera hacia atrás con Irizo.

José Luis López, en una bella carrera hacia atrás con Irizo.

Algunos cronistas, los malos, utilizan una serie de indicadores cuando tienen que puntuar la labor de un futbolista (si no son puestos vistosos como delanteros o extremos, más todavía) cuando no ha destacado a la estrecha luz de sus ojos sin la referencia de la autoría de algún gol, alguna jugada bonita o alguna carrera llamativa. Si el entrenador lo ha sustituido y su equipo ha perdido tiene todas las papeletas de llevarse el cero patatero; y si ha sido expulsado, del rosco no lo salva ni Perry Mason.

El partidazo que hizo José Luis López Roldan en el juvenil del Granada en el choque que su equipo perdió en la ciudad deportiva del Betis este fin de semana fue, sencillamente, imperial. Si los dos centrales del equipo de División de Honor que entrena Rafael Morales apuntaron buenas maneras, la velocidad y las armas de este chico que resulta que es sevillano del 98 y que pasó por la cantera del Sevilla FC llamaron poderosamente la atención. Desde el perfil zurdo junto a otro gran defensa, Juanito Cruz, protagonizó bellísimas carreras hacia atrás con delanteros béticos que no son precisamente lentos, Nieto y sobre todo Irizo. En todas venció el granadinista, un jugador que tiene claro lo que tiene que tener un defensa, que el delantero no puede ganarle la posición y que el balón, la mayoría de las veces, es lo de menos. Cuerpea, bracea, bloquea, está siempre en tensión y mete la sexta marcha sin prácticamente tener que arrancar. Protege tanto el balón como su zona como el mayor de los tesoros, corta el paso del delantero que viene en carrera y esprinta como hay que hacerlo hacia atrás, sin miedo y utilizando el cuerpo. De cabeza va de cine y tiene un golpeo plano que hace que el balón salga con velocidad y sin coger altura para que llegue en menos tiempo a los delanteros saltándose todas las líneas del rival y reduciendo el tiempo para su reorganización defensiva.

Su expulsión, ya en la segunda parte, debe ser una anécdota en estas categorías aún llamadas de formación aunque para muchos no lo sean. Hizo lo que tiene que hacer un central, desentenderse del balón y bloquear a su par, pero la jugada lo pilló quizá lejos de su portería y de su portero (otro que puede decir que no tuvo la mejor suerte en el Sevilla pese a que su procedencia era todo un FC Barcelona, Javi Romero)  y la acción tuvo su estridencia de cara a la estricta lectura del reglamento por parte del árbitro: “desentenderse del balón” aunque fuera una simple carga hombro con hombro.

Uno se pone a rastrear y primero llega la sorpresa de que es sevillano y luego, claro, que pasó por la factoría sevillista. José Luis López, que llegó al Granada procedente del Dos Hermanas, fue campeón de Liga con el juvenil C (ah, ese equipo que no cuenta) de Juanito Díaz Quinta en el que Álvaro González pasó de los 40 goles. Una de dos, o José Luis ha mejorado mucho o en el Sevilla no supieron verlo.

En este mes de enero ya ha ido convocado con el filial del Granada para un partido de Liga en Segunda División B, una categoría que no tiene nada, pero nada que ver, ni con la División de Honor juvenil ni con la Preferente. Y no, una expulsión a veces no es motivo para que te den un cero en una crónica.

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