El jugador con talento, una especie en vías de extinción

Publicado por Redaccion  /   marzo 22, 2017  /   Publicado en Opinión  /   Ningún comentario

Moises Gómez

En el tema a desarrollar a continuación, sé que algunos se sentirán ofendidos u atacados, pero nada más lejos de la realidad, sólo trataré de aportar mi granito de arena al desarrollo del fútbol base con mi modesto y humilde punto de vista.

Vemos cómo el jugador talentoso, ése que conduce, dribla, encara, y saca pases que sólo él ve, va desapareciendo de los terrenos de juego, aunque, como diría aquella canción de ‘Callejeros’ (que ahora ha puesto tan de moda la llegada al fútbol español de Jorge Sampaoli), lo reprimido, cuando esta cautivo, te pide salir”. Como la naturaleza a pesar de las dificultades de las que la rodeamos sigue su proceso de adaptación y desarrollo, más bien de subsistencia, así el talento en el juego aún perdura en esos jugadores especiales, capaces de adaptarse a este fútbol estigmatizado fuertemente con condicionantes físicos, tácticos y demás elementos, en los que se han apoyado cual pilares básicos muchos profesionales, para así tratar de evidenciar que sus parcelas y trabajos sean no sólo necesario, sino imprescindibles.

No más lejos de la realidad, lo único indispensable para el juego son los jugadores y el balón. Cuando nombro esto siempre me viene a la mente esos partidos de la niñez donde a pares o nones nos jugamos el elegir a los componentes de nuestros equipos y donde la autoorganización surgía de nuestra propia comunicación y llegadas a consensos, donde las faltas las pitaba el jugador que las sufría, donde el portero por regla general era un puesto rotativo en tiempo o a goles y donde la única regla de término de partido era la hora de recogida del dueño del balón, no sin antes recurrir a esa regla de oro que se nos ha olvidado en el fútbol actual, ésa que decía: ¡Quien meta gana!.

Ese alejamiento de la esencia del juego ha sido determínante para que los jugadores talentosos vayan desapareciendo de nuestros campos, debido a que la prioridad del juego ya no es marcar, ni la búsqueda de soluciones y de contextos desarrolladores del talento y virtudes de los jugadores. Se ha convertido en un no querer perder, en un contrarrestar las virtudes del contrario olvidando desarrollar las nuestras.

Ahora viene bien nombrar unas frases de Marcelo Bielsa. ”Defender es una acto de la voluntad; el atacar, crear, requiere de talento”.

Equipos y entrenadores han decidido que sea secundario el proceso creativo, siendo muy negativo para el fútbol. Hay jugadores que juegan bien, pero les cuestan cada vez más poder demostrar sus cualidades”.

Estos argumentos deberían hacernos reflexionar bastante en la idea de adónde queremos conducir a nuestros chicos, si queremos desarrollar el potencial que tienen asumiendo los riesgos y siendo consecuentes, o queremos adoctrinarlos en beneficio de nuestra seguridad como entrenador y aferrándonos a los que muchos nombran como única verdad en el futbol ,el resultado.

Cada cual que elija su camino, ya que nadie tiene la verdad absoluta, pero sí que invito a una pequeña reflexión. Cuando un juego deja de ser divertido, ¿por qué optamos la mayoría?

Si habéis pensado igual que yo, que es que cuando me aburro jugando, lo dejo, ese motor debería de ser el que alimentara, que divirtiéndote en el juego, disfrutas, por lo que los esfuerzos y demás menesteres que hay que realizar en el partido se vuelven una motivación, por qué te salen solos, porque te estas divirtiendo y te alientan a seguir.

Por favor, no seamos reduccionistas y anclemos la diversión en el reducto del lado lúdico, veamos como diversión el competir, el superar al contrario, el ser mejor, el exponer para ganar, el querer meter más goles que el rival, el querer ser dueño del balón… en definitiva, el querer meter ese último gol con el que recogíamos las piedras que hacían de porterías y nos íbamos a casa de vuelta con la sensación de que aun habiendo ganado o perdido, habíamos jugado un partido enorme y tras el que no nos podíamos echar ningún reproche porque las heridas de nuestras manos al caer y de nuestras rodillas nos recordaban que lo habíamos dado todo y el único objetivo era el volver al día siguiente a querer jugar otro partido.

Es en ese tipo de partidos en los que todos nos sentíamos seguros, sin temor al fallo, en los que lo queríamos lo hacíamos, donde el regate más atrevido era el más alabado por los demás, donde todos queríamos jugar con los mejores.

No estaría mal recuperar algunos de los valores de antaño para poder quitar la mala hierba y dejar que crezca de nuevo la buena, la creatividad, la imaginación y el atrevimiento

 

MOISÉS GÓMEZ
Entrenador Nacional de Fútbol

 

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