El ‘otro’ fútbol, el único que defiende la pureza

Publicado por Jesús Alba  /   marzo 03, 2017  /   Publicado en Historias, Video  /   Ningún comentario
Uno de los equipos ganadores en ediciones anteriores.

Uno de los equipos ganadores en ediciones anteriores.

Me acerqué al fútbol formativo y, con lo que se ve a diario, cada vez tiene uno más ganas de salir huyendo. Pero pienso que si eso lo hiciéramos todos, no se acabaría con los malhechores. O, al menos, no se sabrían sus tejemanejes.

Para encontrar fútbol formativo como tal, como etimológicamente describen dos términos registrados en la Real Academia de la Lengua que son “fútbol” y “formación”, cada vez hay que irse más abajo. Y no es ya rebuscar en las edades más tempranas, sino que hay que salir (directamente salir) del fútbol federado. Egos, intereses económicos, deseos de ganar a costa de los derechos del niño, afán de posicionamiento, amiguismo, tráfico de influencias, frustraciones infantiles que desean ser hechas realidad en nuestros hijos… y otros muchos pecados pululan alrededor del protagonista y a la vez del más débil de todo este negocio: el niño, el adolescente y también el jugador que tiene 19 años que ya se empieza a asomar al profesionalismo y que no deja de ser un niño.

Seguiremos llamándole a las cosa por su nombre. Porque, de momento, no me han cansado.

Y digo que la pureza sólo reside ya fuera del fútbol federado porque al menos se intenta. El fútbol de las escuelas municipales es el que trata de hacer sonreír a los niños que han dejado fuera de este negocio. O bien porque sus padres son más felices así, o bien porque algunos creen que no tienen nivel para estar en otro estamento sin intentar que su crecimiento y aprendizaje sean herramientas para que sí tengan cabida en él.

Con un sistema de competición que evita desigualdades en el reparto de los minutos para que jueguen ‘los buenos’, frustraciones por goles recibidos, etc… la Real Federación Andaluza de Fútbol (RFAF) celebra cada año desde hace 22 ediciones la Danone Nations Cup (El Mundialito de las escuelas municipales), un ejemplo de organización ideada para evitar todo lo que el afán competitivo acaba destruyendo. Es verdad que el fútbol no puede concebirse sin que uno gane y otro pierda, pero no logramos meternos en la cabeza cuál es el fin último, pero ni en el federativo ni en el de las municipales.

Con 187 escuelas participantes de la toda la comunidad andaluza, lo primero que llama la atención es que el sistema de puntuación no contabiliza los goles y garantiza que cada entrenador reparta de igual manera los minutos de sus jugadores. Estamos hablando de categorías benjamín y alevín (fútbol 7). Si en el fútbol federado la norma dice que de los 12 niños inscritos en un acta todos tienen que participar en el partido un mínimo de minutos que es nimio (ni llega a 5 minutos) y que prácticamente ningún árbitro controla en la ejecución real de los cambios volantes, en este torneo, dividiendo cada partido en tres partes, se garantiza la igualdad. Como son tres tiempos de 15 minutos, en cada periodo se cambian obligatoriamente los jugadores sin posibilidad de sustituciones. Es decir, en el primer tiempo juegan 7 futbolistas y se quedan fuera 5, debiendo jugar éstos obligatoriamente el segundo periodo íntegro. Además, cada tiempo empieza con 0-0 independientemente del resultado obtenido en el primer tiempo para que ningún niño esté condicionado por lo que han hechos sus compañeros. Cada parte de 15 minutos puntúa como un partido independiente (es decir 3 puntos la victoria y 1 el empate) para que cada escuela sume los puntos de los tres periodos. En el último, una vez que han jugado obligatoriamente todos los niños 15 minutos, el entrenador puede elegir a los que desee. Los goles se contabilizan sólo en caso de que sean necesarios para desempatar.

Una opción para padres que quieran ver el fútbol y acudan a él como una fiesta para sus hijos, no para alardear de la calidad de su vástago y hacer el dichoso chiste (increíble que se diga directamente en las narices de los propios niños) de “a ver si nos saca de pobres”. Si no queremos cargar de responsabilidades insulsas y gratuitas a niños que lo que están haciendo simplemente es probar si les gusta una actividad como otra cualquiera, la pureza del fútbol reside en estas competiciones y en ninguna otra. El vídeo que ha dado la vuelta a España es una muestra de esta pureza. Que tras el gol se den abrazos sólo la mitad de participantes de un partido es una desigualdad que los niños no entienden.

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