Enseñar o descubrir

Publicado por Redaccion  /   abril 11, 2018  /   Publicado en Opinión  /   Ningún comentario

A muchos compañeros de profesión no les gusta dar clase en los cursos de entrenadores. Yo, en cambio, disfruto y me enriquece mucho relacionarme con compañeros con inquietudes y opiniones distintas a las mías.

Un profesor y compañero me dijo en una ocasión: “Crespo, a mí no me gustar dar clases de táctica… les enseñas cosas a los alumnos, luego te ganan porque tienen mejores jugadores que tú y se creen que son mejores entrenadores”. Ante tal brutal afirmación que rompe todos los esquemas pedagógicos habidos en el mundo de la enseñanza, se me abrió una puerta en la que sólo encontraba como respuesta el trabajo, pero… ¿no estamos los entrenadores muchas veces centrados en la metodología, las cargas, los periodos… y no nos damos cuenta de que el protagonista no es el entrenamiento sino el jugador? ¿No tendremos que provocar que el futbolista dé su mejor versión en vez de que haga el mejor entrenamiento?

En etapas de formación nos gusta enseñarles a los jóvenes futbolistas cómo es el golpeo para la ejecución del pase corto y hacer esa demostración “que saca a relucir esa calidad técnica que tenemos todos los entrenadores, muy superior a la de nuestros jóvenes aprendices”.

El futbolista bueno que todos queremos tener en nuestro equipo es el que sabe cuándo tiene que hacer un pase en vez de conducir, el que interpreta la acción de un compañero, el que se anticipa al juego del contrario…. en definitiva, el que toma bien las decisiones sobre el terreno de juego.

Es igual de válido un pase corto con el interior del pie que con la puntera del mismo siempre y cuando llegue en buenas condiciones al compañero (con ventaja). Puede no ser igual de estético según los patrones motrices del golpeo para el pase corto, pero si el futbolista puede ejecutarlo siempre con destreza y consigue su objetivo de manera habitual… ¿por qué no?

Haciendo memoria de grandes jugadores y del pasado formativo que tuvieron encuentras jugadores que no han pasado por grandes canteras y que un día florecieron de la nada ante el asombro de ojeadores, representantes, informadores, scoutings,… y toda la fauna que rodea al fútbol. Estos jugadores se criaron futbolísticamente en la calle, al amparo de un entrenador de barrio que supo ponerlos en valor a pesar de las condiciones que rodeaban el entorno de aprendizaje.

Los entrenadores somos esclavos de nuestra metodología, presos de periodos de entrenamiento y de calendarios de competición. La esencia del fútbol trae consigo el juego. Un juego que tiene que ser para el jugador. El profesor Julio Garganta habla del talento como algo que no se descubre, se alcanza. El talento hay que potenciarlo y ponerlo en valor, motivo por el cual, todos los representantes no son capaces de hacer triunfar a sus representados porque lo que quieren es que les dejen una suma considerable de dinero por colocarlos en el equipo que les deje más emolumentos, no que el futbolista alcance su mayor valor, sus cotas más altas de rendimiento, el máximo partido a sus condiciones y sus cualidades. “El talento no se encuentra como con un detector de metales, que pita cuando lo tienes delante” (Julio Garganta).

Mi experiencia como Entrenador, Director de Escuela de Fútbol, Director Deportivo y ojeador de cantera de equipo profesional, me lleva a ver que un futbolista no es bueno o malo. Un futbolista puede servir o no servir para un determinado equipo.

Todo el mundo habla de la capacidad de Ramón Rodríguez Verdejo, (Monchi, para todos los aficionados) como un gran Director Deportivo en el ámbito del fútbol profesional por la capacidad de descubrir a jóvenes talentos en todo el mundo y de venderlos a un coste que multiplica por diez los gastos que ha ocasionado, dejando un rendimiento considerable antes de su salida. Muchos son los clubes que suspiran por sus servicios y los presidentes que en campaña electoral lo utilizaron como reclamo del voto para conseguir alzarse con la presidencia del club. Ahora bien, ante este trabajo de selección y de búsqueda de jugadores me planteo la situación de que Monchi recale en uno de esos equipos y firme futbolistas con el mismo perfil que firmaba en el Sevilla o ahora en la Roma para ellos y no se produzcan esos resultados atendiendo a las estructuras que estos clubes y sus entornos. La clave y el éxito de Monchi entiendo que recae en la capacidad de adaptar a los jugadores al club y a la ciudad, a cuidar los detalles que hacen que el futbolista alcance sus mejores momentos y se pueda centrar en rendir, en estar pendiente de cuestiones que puedan influir en su rendimiento y que hacen que el futbolista no se adapte al entorno. El mercado por el que se mueve un Director Deportivo tiene que ser acorde al club en el que está y ser consciente de los valores que necesita su club para subsistir y mantenerse en competición.

¿Cuantos futbolistas han abandonado un club por unas cantidades considerables siendo referentes en el equipo y no han sido capaces de dar su mejor versión en los clubes o equipos por los que han pasado después? Esos futbolistas siguen siendo los mismos, con las mismas características que los hicieron triunfar en su paso por su equipo de toda la vida, pero… ¿porqué no consiguen que sus cotas de rendimiento lleguen a los niveles anteriores? Pues porque al talento se llega, se descubre. La excelencia se trabaja, no se compra. Los objetivos se consiguen, no se encuentran.

Los gestores de los equipos nos creemos que todo es método y dinero. El método ayuda y el dinero algo más, pero el fútbol tiene, como cualquier aspecto de la vida, una parte humana que no se puede comprar, que hay que crear e intentar sostener en el tiempo para conseguir las metas y crear un estilo propio.

MANUEL J. CRESPO
JEFE TÉCNICO DE FÚTBOL JOVEN COLO COLO (CHILE)
CAMPÉON APERTURA SUB 19 2017
CAMPEÓN SUPERCOPA DE CAMPEONES SUB 19 2017

 

 

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