Primer y segundo año, fases evolutivas, goleadas… el gran ejemplo de Aitor

Publicado por Jesús Alba  /   septiembre 29, 2016  /   Publicado en Historias  /   Ningún comentario
Un portero primer año alevín, solo ante el peligro.

Un portero primer año alevín, solo ante el peligro.

A propósito del debate alrededor de las goleadas a veces escandalosas que se ven en el fútbol federado de las más pequeños, la actuación de un entrenador de benjamines debería servir de ejemplo para muchos educadores que gestionan grupos de fútbol en las edades evolutivas más tempranas. Las Federaciones han estudiado fórmulas para evitar deshonrosas humillaciones de las que los chicos (los ganadores en este caso) no son conscientes si no les explicamos en su idioma lo que significan. Está bien que aprendan a competir desde pequeños, pero sin olvidar el respeto. Una vez en una charla-coloquio sobre fútbol formativo en el que participé, un ex futbolista argentino explicaba cómo en su país hubo un tiempo en la que las Asociaciones (federaciones) decidieron dejar de contabilizar resultados a determinadas edades (sin clasificaciones, sin puntos…). El resultado fue que los propios niños, y también, cómo no, algunos padres, llevaban al día su clasificación exhaustivamente, con los nombres de los goleadores incluso.

La verdad es que para esto, en España, en nuestra Comunidad… aún nadie se ha puesto de acuerdo. Ligas educativas sí arbitraron algunas normas, pero son eso, ligas educativas, no federadas. Ahí hay mucha tela que cortar y no todo el mundo está dispuesto. Ni todo el mundo tiene los mismos valores. Esto de la formación da para mucho y hay verdaderos casos denunciables. Y no sólo en fases evolutivas tempranas. Sobre todo en las canteras de los clubes profesionales, hay actuaciones que no deberían producirse en otras etapas que, aunque sean las últimas, siguen siendo de formación mientras no se demuestre lo contrario. Hay intereses (de toda índole) que llevan a entrenadores a no tener escrúpulos siquiera para coaccionar incluso a chavales en pleno proceso de madurez y en etapas especialmente sensibles. Todo, y me refiero a todo, enmascarado por la competitividad. Otro tema interesante que da para que un día nos detengamos en ello.

Hoy volvemos a la parte baja de la base, en la que son inadmisibles cosas que pronto empiezan a aparecer. Quizá no ésta, pero sí merecen la dedicación oportuna. El ejemplo del que hablaba se publicó en la edición digital de El País (Verne) y es una excelente gestión a algo que se produce con demasiada frecuencia, en categorías como benjamín o alevín, en la que se compiten chicos “de primer o segundo año” en una fase evolutiva en la que los años, tanto en destreza motora como en capacidades físicas condicionales, las diferencias se notan con simples meses de diferencia.

Aitor Cebrián Montiel es un joven de 21 años que entrena, desde hace un año y medio, al grupo benjamín del Ayelo, el club de fútbol de la localidad valenciana Aielo de Malferit.  El sábado 5 de diciembre su equipo jugaba en casa contra el C.D Contestano, un conjunto que llevaba toda la temporada perdiendo por goleada. Al campo estaban a punto de saltar niños de entre 7 y 9 años y Cebrián, en la charla previa, decidió pedir a sus jugadores respeto hacia el rival. Este fue su discurso:

Acabo de ver entrar a los niños contra los que vais a jugar hoy, y son más pequeños que vosotros. Son de primer año y no debieran competir con vosotros en esta categoría. Están goleándolos cada semana y querría que os pusiérais en su lugar. No quiero que celebréis ningún gol, no los presionéis en su campo, dejadlos que jueguen un poco y que puedan disfrutar de jugar al fútbol. Vamos a ser respetuosos con ellos”.

 

Un formador, con su grupo.

Un formador, con su grupo.

“Lo primero que me preguntaron los niños”, cuenta por teléfono Cebrián, ” es que por qué debían hacerlo, por qué no podían marcar todos los goles que quisieran. Yo les pedí que intentasen verse en la misma situación: no ser capaces de dar tres pases seguidos, no poder marcar un gol… Cuando les pregunté cómo se sentirían me dijeron que mal y, sin necesidad de más explicaciones, entendieron lo que quería transmitirles”.

Mientras Cebrián hablaba con sus jugadores un padre del equipo rival escuchó casualmente la conversación y quedó tan agradecido que al final del encuentro se acercó al él para felicitarle por su empatía. Unos días después el C.D Contestano remitió una carta al club para formalizar su gratitud. El escrito llegaría a manos de la Federación de Fútbol valenciana y, después de ser publicado el viernes en su web – y perfiles de Facebook y Twitter – los usuarios de las redes sociales han aplaudido el fair play de Cebrián y compartido el discurso.

“No esperaba tanta repercusión de algo que, a mi entender, debería ser habitual. Pero sí me gustaría que sirviese de ejemplo”, comenta el entrenador, “Hay otros técnicos que creen que respetar al rival significa emplearse al máximo y marcar cuantos más goles mejor. Es una actitud respetable, pero yo no la comparto. Los niños, ante todo, deben disfrutar jugando al fútbol”.

El resultado final fue de 11 goles a 1, pero el entrenador está satisfecho con la conducta de sus jugadores: “Cualquiera que hubiera visto el partido, lo entendería. Podrían haber sido muchos más. Los niños cumplieron con lo que les pedí”. Así lo ha entendido también el club rival que ha invitado a los menores al partido que disputará el equipo principal del C.D Contestano la próxima jornada. “Realizaremos una pequeña exhibición en el campo durante el descanso y participaremos en una comida de hermandad”, explica Cebrián.

El joven entrenador, que estudia Historia en la Universidad de Valencia, señala que no ha realizado ningún curso de psicología deportiva sino que se deja llevar por el sentido común y el trato que a él le gustaría recibir: “Yo también juego al fútbol, en un equipo aficionado. Sé lo que es estar en el otro lado y que te ganen por goleada”. A Cebrián sí le gustaría seguir entrenando “pero a los niños, en categorías inferiores. Son los que más aprenden de ti. Llevo poco más de un año, comencé con este mismo grupo y ha sido una experiencia maravillosa”.

El pasado junio otro partido de categoría alevín que terminó 1-21 reabrió el debate sobre las goleada en las ligas infantiles y la humillación que supone para los perdedores. Cebrián cree que las federaciones podrían intervenir de algún modo para evitar este tipo de situaciones: “En las categorías inferiores”, explica, “se nota mucho la diferencia física de los niños. Se pueden dar casos en los que un niño de diez años se enfrente a uno de siete y quizás estaría bien que los emparejamientos de los equipos fuesen más equilibrados”.

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