¿Se puede hacer daño con el refuerzo positivo? La respuesta es sí

Publicado por Jesús Alba  /   octubre 04, 2016  /   Publicado en Historias  /   Ningún comentario
Dos entrenadores interactúa con niños pequeños.

Dos entrenadores interactúa con niños pequeños.

No se trata de un error. Lo que está escrito en el título, está escrito. El refuerzo positivo, una herramienta que los entrenadores utilizan día a día, puede realizar el efecto contrario si no lo utilizan correctamente. Y puede que hasta sea habitual en muchos equipos de fútbol. Más grave en cuanto más bajamos en categoría y en etapa evolutiva del futbolista pero en cualquier caso una conducta nociva, en algunas situaciones puede convertirse en acoso psicológico, con todas sus letras.

La clave está en el destinatario del mensaje y ahí podemos estar cometiendo un error si no reparamos en que muchas veces el subconsciente nos puede llevar a no ser justos. ¿Podríamos hacernos una pregunta todos los entrenadores cuando acabamos una sesión? ¿He dado refuerzos positivos a todos por igual? ¿He sido justo dando esos refuerzos positivos que no son privados sino de los que hacemos partícipe al resto de jugadores?

Hay que ser especialmente sensibles cuando trabajamos con niños (o no tan niños) y nos disponemos a reforzar una acción, a lanzar un refuerzo positivo, que además, sabemos que tiene un valor crucial en la confianza del futbolista y que hace una función distinta cuando es tras un error o si, por el contrario, lo es tras un acierto o una acción realizada con éxito. Pero los entrenadores, quizá superados por el fragor de la batalla (los objetivos de la tarea, que se cumplan, que los jugadores la entiendan y la ejecuten…), no reparamos en lo que escucha cada uno (uno por uno) de sus futbolistas. Como hemos dicho, el jugador que recibe la aprobación (igual que ocurre con la reprobación) no está aislado, sino que lo hace dentro de un colectivo, de un grupo al que después le pedimos que esté unido. ¿Qué ocurre cuando un jugador que siempre recibe mensajes negativos o correcciones ve cómo uno de sus compañeros comete el mismo error y, a diferencia de él, recibe un refuerzo positivo, una palabra de ánimo? ¿Qué ocurre cuando este jugador hace una acción buena que en otros tendría un premio y en su caso recibe el silencio por respuesta? ¿Y qué pasa además cuando esta situación se repite en el tiempo?

Como considero el fútbol una manera (superpotente, además) de educar, me traslado por un momento a este sector, el de la educación, para rescatar algunas cosas del que podríamos llamar el Guardiola de los profesores (por citar a uno de los entrenadores que más admiración mundial recibe). César Bona, considerado el mejor profesor de España, nominado al Nobel de los profesores en 2015, recién fichado por el Ministerio de Educación y autor de publicaciones como ‘Las escuelas que cambian el mundo’, publicaba ayer mismo en su cuenta de Facebook una foto de un párrafo de un libro que comparto porque me parece totalmente aplicable al mundo del fútbol, al universo de cualquier campo de fútbol una tarde cualquiera al salir del colegio.

bona

Sólo hay que cambiar “maestro” por “entrenador” para que el mensaje sea para todos los que manejan un grupo de futbolistas. Pensemos cuando interactuemos con nuestros jugadores que tenemos delante a 15, 20, 25… destinatarios que estudian y procesan cada refuerzo, orden, indicación que le demos a cada uno de ellos y, ojo, también a los demás por separado y al grupo en general. Pensemos también que ese chaval, niño, futbolista adolescente o adulto se irá a su casa y allí sus padres le harán la pregunta del millón: ¿cómo te fue el entrenamiento? Y cómo me fue no significa las veces que acerté o fallé, sino las sensaciones que mi entrenador me da con respecto a mi posición dentro del grupo.

He visto a entrenadores de Primera División, reputadísimos, ser muy, muy injustos con esto de los refuerzos y, por ejemplo, cebarse con el más débil, en este caso, el canterano. Tocarse las sienes con las yemas de los dedos juntas (haciendo partícipe a toda España de lo que a su juicio era una “falta de entendederas”) porque este jugador, lesionado y con muestras evidentes de dolor, se sentaba fuera del campo para ser atendido en vez de hacerlo dentro, donde este entrenador podría “arañar” unos minutos para acercarse a su objetivo, que en este caso no recuerdo si era la victoria o el empate. Entre las muchas cosas que demostraba con esta acción o este gesto tomado por todas las cámaras y provocado por aquel jugador falto de experiencia o picardía era su método ruin y rácano. Podría llevarse así un empate, o una ganaba tres puntos, pero claramente perdía la confianza de un futbolista, el bien más preciado para un entrenador.

Utilicemos correctamente las herramientas que tenemos y el refuerzo positivo tiene un valor incalculable ante el acierto, pero más si cabe ante el error. Ahora bien, repartámoslo por igual, no sólo a los que van a jugar el domingo.

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