Somos lo que comemos

Publicado por Jesús Alba  /   mayo 30, 2018  /   Publicado en Headline  /   Ningún comentario

Con los mismos ingredientes se pueden hacer varios tipos de platos, ahora que tan de moda está en este país la cocina de autor y los concursos entre chefs, incluso fomentando lo que llamaríamos en fútbol, formación, lo que tiene que ver con los niños y las fases evolutivas.

Con el balón es distinto. En la pequeña pantalla, que no nos saquen de los mismo. Real Madrid, Barcelona, sus estrellitas y su día a día en las redes sociales. De cocina y de fogones, nada de nada. Pero es en los fogones donde se cuece el fútbol y frases hay para entenderlo. “Se juega como se entrena”, “somos lo que comemos”… Estas dos sentencias podríamos unirlas haciendo un ejercicio de imaginación y entenderíamos qué es lo que está pasando en nuestros campos.

Tiramos habitualmente de estereotipos y corremos el riesgo a menudo de caer en el error, pero también es bueno pararse a pensar en ellos, de dónde vienen, por qué alguien pensó que eran una ley y por qué otros lo siguieron hasta que nos llegan diariamente como sentencias. ¿Hay algo de verdad? Así, siempre hemos oído que los mejores laterales son los brasileños, para pivotes de cierre, los portugueses; gambeteadores, los argentinos; en Paraguay, centrales serios y goleadores en la estrategia; en Francia, buenos delanteros; Alemania e Inglaterra cuna de jugadores físicos, altos, fuertes; los africanos, potentes pero indisciplinados y desastrosos en lo táctico. Y en España, todos lo sabemos, jugones: centrocampistas inteligentes, pequeñitos o no, que tocan y tocan…

Pero es el producto que cada uno cultiva o cocina. Todo, absolutamente todo, es lo que comemos. El entrenamiento es de lo que se nutre el futbolista, el alimento con el que va a crecer y lo que acabará siendo. ¿Nos extrañamos de que todos los equipos en todas las categorías busquen y paguen a precio de oro delanteros y centrales cada vez que se abren los mercados?

Desde que el albero pasó a mejor vida y llegó el césped artificial al fútbol base todo cambió, como desde que los padres no se pierden un partido del niño y hasta los entrenamientos. Antes iban los padres, ahora van las madres. Desde que las rodillas desolladas ya no se ven porque el chiquillo juega superprotegido y abrigado con mallas y camiseta térmicas, braga polar, guantes y si pudiera hasta con gorro y chaquetón… desde que los entrenadores de base quieren jugar a ser Guardiolas a toda costa… pues ya nada es igual.

Hemos asistido recientemente al desembolso espectacular en el fútbol por tres defensas. Virgil Van Dick, es, con 85 millones pagados por el Liverpool al Southampton, el defensa más caro de la historia del fútbol. El Manchester City pagó 65 por Laporte y la causa-efecto fue los 35 que el Athletic para cubrir su baja abonó a la Real Sociedad por Íñigo Martínez.

Y nos podemos preguntar, ¿hemos contribuido los entrenadores a este encarecimiento? El fin del albero o el barro a cambio de jugar en alfombra le dio otra decoración a la cocina del fútbol. Dejamos los guisos, la cocina mediterránea, y nos quedamos en la decoración del plato. El arte de despejar, chocar, saltar, cruzarse, una buena orientación corporal… fue perdiendo terreno ante la obsesión por sacar el balón jugado. Se nos olvidó enseñar a defender a los defensas. Se nos olvidó la sustancia.

En España, además de que no salen centrales, tenemos un problema con los delanteros. ¿Por qué en la selección española hemos visto recientemente a jugadores que superan, y de largo, la treintena? Aduriz, con 35, Fernando Torres, tenemos que ‘fichar’ a Diego Costa, tuvimos que recuperar a David Villa con 36 en su retiro en la MLS estadounidense… ¿Por qué no hay delanteros nacionales en nuestros equipos? Cíclicamente el Real Madrid saca un canterano que no acaba jugando en el Bernabéu por supuesto y que puede competir algo en el mercado. Negredo, Morata, ahora Borja Mayoral… ¿Pero se preocupan los clubes españoles por tener delanteros nacionales? La respuesta es no, pues la carrera de los favores a los representantes hace que fichen extranjeros hasta para sus filiales y sus equipos juveniles. Podemos culpar a los clubes y sus modelos de negocio. También.

Pero igualmente podíamos mirar lo que tenemos en la despensa. La razón la podemos tener en nuestro diseño de tareas o, al menos, podíamos intentar cambiar algo desde nuestra posición si nos lo proponemos. Y, en este sentido, somos lo que comemos. Si hemos apostado por el rondo, por sacar el balón jugado, por tareas de mantenimiento de balón en espacios reducidos, con comodín, sin comodín… obtendremos un producto muy determinado, el centrocampista creativo, a lo sumo el mediapunta con calidad para el último pase.

Los entrenadores de base tendemos a creer a veces que llevamos equipos profesionales y diseñamos sesiones aburridas y tremendamente complejas para niños de 10 o 11 años. Quizá en cadetes sí se les puede exigir ya una concentración táctica superior y unas necesidades cognitivas concretas, pero si no queremos que se aburra, el niño de menos edad no puede irse a casa después de un entrenamiento sin jugar un partido libre aunque sea de 20 minutos y que no tire a puerta.

En Francia, desde niño todas las tareas incluyen una situación de uno contra uno o terminan en finalización y el producto final se nota. Los cuatro clubes de nuestra Liga con más presupuesto tienen delanteros franceses en sus plantillas, cinco en total: Griezmann, Gameiro, Benzema, Dembele y Ben Yedder, Podemos seguir en España con Bakambu, Beauvue, Remy y un largo etcétera, por no hablar en las mejores Ligas de Europa: Martial, Giroud, Payet, Mbappé, Lacazette, Gignac, Coman…

Permítanme acabar este artículo con unas palabras de Oriol Riera, futbolista formado en La Masía, que chocó con otra realidad distinta cuando abandonó el Barça. El fútbol real lo aprendí fuera del Barça. Ellos enseñan un único tipo de fútbol, el que les permite formar jugadores para el primer equipo. Si llegas, estupendo. Pero si dejas el club tienes un problema: te enfrentas a otra dimensión en todo. Te has formado como especialista, especialista en Barça. Pero fuera es otra cosa: te vas de allí y debes buscarte la vida”.

En España podemos presumir de Iniestas, Iscos, Busquets o Xavis, pero también habría que empezar por ampliar la diversidad del producto. Así conseguiremos que nuestra formación sea más completa y nuestra cocina más sabrosa.

Artículo publicado en la web de Pablo del Pino
www.pablodelpino.com

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